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La elaboración de la chufa comienza con la recolección
y el almacenamiento del tuberculo en lugar seco, para que vaya
perdiendo la humedad.
La chufa una vez seca, se procede a lavarlas para eliminar la
tierra y dejar el tuberculo completamente limpio, introduciendolas en un recipiente con agua, agitandola con el fin de
que salgan del lavado completamente limpias.
El proceso continua con una preselección para eliminar
los tuberculos que se encuentren defectuosos.
Para ello, se introducen en una solución
de salmuera donde, por flotación, los tuberculos dañados,
se quedan en la superficie y de esta forma son retirados y eliminados.
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El resto seleccionado, se somete a sucesivamente a varios lavados con agua potable para eliminar los restos de salmuera que puedan quedar del proceso anterior.
Seguidamente, se hidratan las chufas procediendo a sumergirlas en agua potable para que los tubérculos absorban el agua, y se hinchen. Posteriormente pasando a un molino para su trituración, se deja un tiempo en maceración, se prensa varias veces y se obtiene el extracto final. Para finalizar el proceso, se le añade azúcar y se vuelve a tamizar.
El cultivo de la chufa requiere tierra arenosa y temperaturas suaves, condiciones que se hallan de manera especial en la huerta de Valencia.
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La horchata es rica en minerales y vitaminas, entre los que destacan el fósforo, el potasio y las vitaminas C y E.
Es rica en minerales, como el fósforo, el calcio, el magnesio y el hierro, y en vitaminas, entre las que destacan las vitaminas C y E.
También aporta numerosas enzimas que facilitan la digestión.
Su valor energético (100 kcal/100 g) la convierte en una buena bebida energética. Es baja en sodio, y no contiene lactosa, caseína ni gluten, aunque algunas marcas comerciales le añaden proteína de leche.
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